El Principio de Interdependencia trae consecuencias como que
ninguno de los géneros puede desplazarse sin hacerlo también el otro.
Asimismo, no nos es posible transformar a cada uno sin que repercuta sobre los dos.
Como ejemplo no irrelevante, observemos que
no puede ser creada una legislación particular que favorezca a todas las mujeres, solo la que beneficia a algunas de ellas pero que al mismo tiempo perjudica a otras.
El mismo decreto que lastimará, tal vez, a algunos hombres, es seguro que favorecerá a otros. En términos de género ninguna ley, fabricada para uno solo de los sexos, puede tener otro efecto que este.
Entonces,
cualquier medida a favor de la mujer favorece inmediatamente al hombre. Algo malo, por consiguiente, nunca será.
Pero si podría quedarse en poco eficaz. No se puede incidir sobre un género sin que se afecte al otro, pero tengamos muy en cuenta el que, si no incidimos simultáneamente sobre aquel otro, se desperdicia en buena parte la fuerza de la actuación (insistiremos y ahondaremos en este punto). Por eso todas
las medidas concebidas para alcanzar a un solo género están predestinadas a una cierta decepción.
Estamos todavía en la era primigenia del Género, porque queremos intervenir aisladamente sobre cada sexo. En el feminismo
nos creemos que se pueden arreglar los problemas de las mujeres sin arreglar los de los hombres…
Pero la Equigena nos enseña a entender a los géneros como fenómenos no independientes. Así pues,
pensemos los problemas de la mujer en interdependencia con los problemas del hombre, y no como asuntos exclusivos/excluyentes.
Porque el destino de ellos y ellas está unido: ya no podemos ayudar al sexo femenino si no ayudamos también al sexo masculino. Si piensas en auxiliar a la mujer, solamente, ya la estás separando del hombre…Si quieres darle libertad a la fémina, dale también libertad al varón.
Y
si conquistamos libertades de género para tod@s, entonces sí, las conquistamos para cada uno.
Equigenerisma
