Categorías
Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.5: PRINCIPIO DE INTERDEPENDENCIA ENTRE MUJERES Y HOMBRES (2ª parte).

El Principio de Interdependencia trae consecuencias como que

ninguno de los géneros puede desplazarse sin hacerlo también el otro.

Asimismo, no nos es posible transformar a cada uno sin que repercuta sobre los dos.

Como ejemplo no irrelevante, observemos que

no puede ser creada una legislación particular que favorezca a todas las mujeres, solo la que beneficia a algunas de ellas pero que al mismo tiempo perjudica a otras.

El mismo decreto que lastimará, tal vez, a algunos hombres, es seguro que favorecerá a otros. En términos de género ninguna ley, fabricada para uno solo de los sexos, puede tener otro efecto que este.

Entonces,

cualquier medida a favor de la mujer favorece inmediatamente al hombre. Algo malo, por consiguiente, nunca será.

Pero si podría quedarse en poco eficaz. No se puede incidir sobre un género sin que se afecte al otro, pero tengamos muy en cuenta el que, si no incidimos simultáneamente sobre aquel otro, se desperdicia en buena parte la fuerza de la actuación (insistiremos y ahondaremos en este punto). Por eso todas

las medidas concebidas para alcanzar a un solo género están predestinadas a una cierta decepción.

Estamos todavía en la era primigenia del Género, porque queremos intervenir aisladamente sobre cada sexo. En el feminismo

nos creemos que se pueden arreglar los problemas de las mujeres sin arreglar los de los hombres…

Pero la Equigena nos enseña a entender a los géneros como fenómenos no independientes. Así pues,

pensemos los problemas de la mujer en interdependencia con los problemas del hombre, y no como asuntos exclusivos/excluyentes.

Porque el destino de ellos y ellas está unido: ya no podemos ayudar al sexo femenino si no ayudamos también al sexo masculino. Si piensas en auxiliar a la mujer, solamente, ya la estás separando del hombre…Si quieres darle libertad a la fémina, dale también libertad al varón.

Y

si conquistamos libertades de género para tod@s, entonces sí, las conquistamos para cada uno.


Equigenerisma

Categorías
Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.4: PRINCIPIO DE INTERDEPENDENCIA ENTRE MUJERES Y HOMBRES (1ª parte).

Ya hemos hablado del error de pretender separar a los géneros en (dos) colectividades que no gozan, en realidad, de la autonomía que se ha venido suponiendo.

Porque

los sexos están interconectados, y antes que oponerse, se complementan:

entre ellos todo tiende a fluir y circular. En términos estructurales,

mujeres y hombres son vasos hiper-comunicantes:

la realidad se filtra, se empapa y se absorbe entre unos y otras.

Enunciemos pues el Principio:

Mujer y Hombre son una interdependencia, y su destino está íntimamente ligado.

Y también son una complementariedad: esto quiere decir que unas y otros se están empujando mutuamente a ser como cada cual es. En consecuencia,

mientras la mujer sea más mujer, más empuja al hombre a ser más hombre, y viceversa.

Nada de lo planteado conlleva inmovilismo alguno: el movimiento y el cambio son perfectamente posibles, pero comprometiendo al sistema en conjunto, nunca a uno de sus integrantes en solitario.

Dos ejemplos rápidos pero ilustrativos, la economía y el amor: 1) si a los hombres se les prohíbe “ir” a besar a las mujeres, las mujeres no tendrán más remedio que “venir” a besar a los hombres (demos por sentado que siempre necesitaremos besos); 2) y si resolvemos financiarlas/subvencionarlas -a ellas-, puedes dar por seguro que aquel dinero también llegará hasta ellos (y bastante rápido, de hecho).

A tenor de todo lo dicho,

entre Mujer y Hombre no se da el enfrentamiento de intereses que suponemos

en el feminismo, sino que se conforma un circuito acoplado de fuerzas e intereses.

Esto es

lo que el feminismo nunca sospechó: que todo aquello que perjudica a las féminas, también perjudica a los hombres, y todo lo que beneficie al varón, ¡beneficia a la mujer!;

lo que menoscaba a un sexo, termina menoscabando también al otro. En el sistema mujer-y-hombre lo que siempre se da es un acoplamiento: los daños son colaterales y los beneficios, compartidos.

Así como los géneros son interdependientes, sus respectivos estatus también lo serán. No funciona como hemos creído hasta ahora, esto es, que las unas pueden estar mejor y los otros peor: si unos van mal, van todas mal; si unas están bien, todos bien; o si estuviesen regular, entonces regular generalizado…

Olvidémonos, asimismo, de una crisis de la masculinidad o de una crisis de los hombres en el siglo XXI. Porque no hay tal, o al menos no puede haberla por separado:

si hay crisis de género, entran en crisis ellas y ellos simultáneamente

(y las mujeres la pueden padecer tanto o acaso más que los propios hombres). Crisis solo significa que la sociedad está cambiando. Pero resulta evidente que el problema de adaptarse a dichos cambios lo sufrirán ambos sexos.


Equigenerisma

Categorías
Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.3: LA SOCIEDAD ES UNA MATRIZ «UNIGÉNERO» (2ª parte).

El carácter unigenérico de cualquier sociedad es algo que se hace patente, sobre todo, cuando esta se piensa a sí misma (en lugar de unigénero también podría valer “sin género” o “agenérico”).

En ese momento en el que la humanidad reflexiona, o sea, cuando intentamos mirar hacia nosotros mismos,

el pensamiento salta todas las barreras entre mujeres y hombres.

Ese trance es unisex siempre, y de ahí que no existan ideas que sean propiedad exclusiva de un género (por eso las ideas de las mujeres en realidad no existen, son concepciones también de hombre y a la inversa, la idea del hombre tampoco existe, es concepción también de mujer).

Para que la reflexión sobre género trascienda y/o se constitituya en cultura, debe tratarse forzosamente de un pensamiento unisexuado, mancomunado y conjunto, que no pertenece a ni proviene de un género en particular.


Porque el pensamiento desde la subjetividad de un género nunca llega a establecerse.

Todo juicio nacido desde la perspectiva de la mujer pero que no pase por el tamiz del hombre, se quedará en mera «conversación de mujeres «. Y viceversa.


Si un grupo o colectivo de féminas se reúne (también si un conjunto de varones hace lo propio), sus ideas no son solo de ellas/ellos, sino también de los otros/otras.

En caso de que realmente se limiten a reflejar su experiencia, en tanto que mujeres u hombres, entonces de ahí solo puede salir una visión muy sesgada de la realidad: chismes de tías o chismes de tíos (que probablemente incluirán auténtica misandria o misoginia, es decir, rencor contra el otro). Semejantes nociones difícilmente van a poder establecerse hasta que la sociedad las diluya y/o asimile (y si las asimila significa que las habrá transformado en otra cosa ya distinta y que le resulte verdaderamente útil).

Esta perspectiva muy sesgada o visión muy subjetiva que podemos denominar

“la conversación de hombres” o “la conversación de mujeres”, siempre es un pensamiento de corto alcance

que nunca va a llegar a establecerse como la cultura dominante, porque jamás se va a homologar ante la sociedad: no pasaría el filtro de unisexualidad de lo social. Las cosas de ellas y las cosas de ellos permanecerán siempre como tales, nunca se van a convertir en las cosas de todos.

La circunstancia de mujer y la circunstancia de hombre si es diferenciable, pero la auto-reflexión colectiva nunca puede serlo. La imposibilidad no viene dada durante la recepción, sino que es antes de la emisión cuando ya todo se ha mezclado. Es decir, una determinada cultura de sexos si puede crearse (sea una “patriarcal” o de cualquier otro tipo), pero en ningún caso podría ser generada solo por “ellos” o por “ellas”, ya que

nuestra auto-consciencia de género no está dividida en dos.

Las consecuencias de todo lo que estamos diciendo no carecen de relevancia, precisamente:

no existe, porque no puede existir, un feminismo (ni un movimiento feminista) emitido por mujeres, de igual modo que tampoco se da, porque no puede darse, un machismo (ni una cultura machista) emitido por hombres.

Todos los efectos anteriores fueron generados – y se sostienen y son desarrollados- a partir de un mismo magma, de un mismo caldo de cultivo, que no es otro que esa entidad o matriz unisexual que es el conjunto de la sociedad.

Podría argüirse que el machismo, tal y como está definido, no es un pensamiento sino más bien un “proceder”, pero en cualquier caso también implica una forma de mirarnos. Y para que tal mirada pueda trascender y establecerse, ya necesita haber superado, ineludiblemente, los filtros de ese tamiz “unigénero” que conformamos entre todos.

Por su parte,

la base de las creencias del feminismo no proviene de las mujeres, proviene de la sociedad.

De donde procede y como se origina, más concreta y detalladamente, el feminismo, es una estupenda pregunta que nos formularemos más adelante, y a la que le daremos una apropiada respuesta…


Equigen

Categorías
Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.2: LA SOCIEDAD ES UNA MATRIZ «UNIGÉNERO» (1ª parte)







Tanto los individuos como sus distintas agrupaciones tienen capacidad para autodeterminarse, pero, ¿qué sucede en el ámbito del Género?. Entre los “colectivos” de sexo, ¿cuál podría ser declarado como el único y exclusivo agente determinante de la acción social? ¿Alguno puede, en verdad, presumir de ello?.

Tal y como vimos en la última entrega,

el conjunto de los hombres es una ficción, el conjunto de las mujeres es otra ficción.

El conjunto de mujeres y hombres es la realidad de la sociedad.


Es un hecho que ningún género puede constituirse en una sociedad estable por sí solo.

No existen naciones, ciudades y ni siquiera barrios solamente de mujeres o de hombres. Aún más revelador: para encontrar una micro-sociedad habitada por un solo sexo tendrías que encontrarte en una prisión, en un claustro o en un cuartel. O sea, en privación…

La civilización no puede prescindir ni de la mujer ni del hombre (al menos de momento, mientras la ciencia -¿ficción?- no lo posibilite).

En una sociedad estable nada se establece -valga la redundancia- sin el acuerdo implícito entre féminas y varones.

Imagínate que eres hombre y deseas salir a la calle vistiendo una minifalda de color rojo… ¿Quién te reprimirá, ellas o ellos?. Existen hombres que te dirán “no te pongas esa mariconada”; existen mujeres que te dirán “no me gusta ver a un hombre de esa manera”. Y es lo mismo. Por tanto, es la sociedad en conjunto quien te reprime,

no hay un “los hombres quieren” o un “las mujeres quieren”.

Entre los sexos y entre los géneros lo que se da es un acoplamiento de la voluntad, del cual proviene la voluntad social. No existe una voluntad independiente y propia de los hombres, como no existe una voluntad propia e independiente de las mujeres.

La cultura y la sociedad son entidades transpersonales y “transgenéricas”.

Como consecuencia, las decisiones de una sociedad en equilibrio son siempre decisiones tomadas en mancomunidad sexual: tanto daría que el sanedrín o consejo que, por convención, debiera tomarlas, estuviese compuesto solo por mujeres, solo por hombres, o por cualquier mezcla en cualquier proporción de cualquiera de los dos.

Lo que si es cierto es que dejando el mando absoluto a los hombres -si ello fuera realmente posible-, la sociedad se iría a pique, y lo mismo sucedería dejándoselo a las mujeres. La aportación de unas y otros es vital, necesaria e indispensable por igual.

Todavía creemos que existe un cerebro pensante de mujer y un cerebro pensante de hombre,

pero solo hay una mente pensante y es unisexuada

(término preferible a “monosexuada”, que más bien significaría “con uno solo de los sexos binarios” ). Ni la sociedad ni la mente humana tienen género.

En virtud de todo lo dicho, ya podemos afirmarlo:

la sociedad es un ente unisexual o matriz
unigénero…


Equigen

Categorías
Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.1: LOS GÉNEROS NO SON AUTÓNOMOS (LEY UNIVERSAL)


Los géneros femenino y masculino no son colectivos autónomos.

Por tanto, no les es posible autodeterminarse políticamente: esto es, hombres y mujeres -contemplados como colectivos, insistamos- no pueden decidir cada cual su propio destino.

La construcción del Género en cualquier sociedad es siempre un proceso “unisexual”, sucede entre todos. Como veremos,

las estructuras Mujer y Hombre son interdependientes

(y en grado sumo), y por ello no poseen la facultad de “autodeterminarse”.

Así dicho, y a primera vista, puede no parecer una idea tan relevante. Y sin embargo, una vez que hayamos asumido todas sus implicaciones, ya nada volverá a ser lo mismo en el Género.

Esta afirmación se plantea como Ley Universal. Por tanto, se la supone igualmente válida y aplicable para cualquier sociedad estable, ya sea presente, pasada o futura, occidental u oriental, bárbara o civilizada (incluyendo, entre muchos otros ejemplos, cualquier sociedad Islámica o cualquier tribu indígena posible).

Reconocer esta Ley Universal implica aceptar que

ni los “Machos” ni las “Féminas” se bastan por si mismos para producir los efectos que se les presuponen.

Entonces, ni una “Dominación” puede ser provocada por/desde ellos, ni una “Liberación” organizada por/desde ellas.

Son muchas las presuntas autonomías de los géneros que no son reales: la cultura se crea entre todos, la violencia circula entre todos, el concepto que tenemos de la mujer y del hombre lo fabricamos entre todos, el feminismo lo establecemos entre todos, el “machismo” lo causamos entre todos, y así. Nada de esto puede hacerlo un género, femenino o masculino, por su cuenta, como hasta ahora se ha creído. Todo ello son unicidades o mancomunidades: vale por todas, todes, todis, todos y todus. Desde una perspectiva de géneros (binarios), la visión que tenemos sobre el mundo nace y crece unificadamente. No puede ser de otro modo.


El estado de los sexos no es la consecuencia de uno solo.

Y desde luego,

los hombres no pueden, ni pudieron ni podrán, fabricarse un mundo a su medida:

simplemente no es viable.

En el feminismo se mantiene la creencia de que los géneros son soberanos. Esto es, que tienen el grado de independencia necesario y suficiente como para autogestionarse por si mismos, y emprender medidas -sean de opresión o de reivindicación- contra/sobre el otro género. Pero la realidad, más allá de la apariencia, es otra:

no detentan estos géneros binarios una autonomía colectiva, ni para oprimir o marginar, ni para reivindicar o rebelarse.

Tendremos que ir asimilando que el “colectivo mujeres” y el “colectivo hombres” son una entelequia más que otra cosa… No puede darse en ellos ni una autodeterminación ni un AUTOGOBIERNO (y su grado de autonomía es mucho más limitado de lo que se piensa).

Terminaremos adelantando una noticia positiva: la nueva mirada que representa la Equigena traerá consigo transformaciones cruciales. Ineludible. Empero, ello no dará al traste con los proyectos que tenemos durante el feminismo. Todo lo contrario, ¡los mejorarán!.


Equigena