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Entrada 1: La imposible autodeterminación de los géneros (binarios)

1.3: LA SOCIEDAD ES UNA MATRIZ «UNIGÉNERO» (2ª parte).

El carácter unigenérico de cualquier sociedad es algo que se hace patente, sobre todo, cuando esta se piensa a sí misma (en lugar de unigénero también podría valer “sin género” o “agenérico”).

En ese momento en el que la humanidad reflexiona, o sea, cuando intentamos mirar hacia nosotros mismos,

el pensamiento salta todas las barreras entre mujeres y hombres.

Ese trance es unisex siempre, y de ahí que no existan ideas que sean propiedad exclusiva de un género (por eso las ideas de las mujeres en realidad no existen, son concepciones también de hombre y a la inversa, la idea del hombre tampoco existe, es concepción también de mujer).

Para que la reflexión sobre género trascienda y/o se constitituya en cultura, debe tratarse forzosamente de un pensamiento unisexuado, mancomunado y conjunto, que no pertenece a ni proviene de un género en particular.


Porque el pensamiento desde la subjetividad de un género nunca llega a establecerse.

Todo juicio nacido desde la perspectiva de la mujer pero que no pase por el tamiz del hombre, se quedará en mera «conversación de mujeres «. Y viceversa.


Si un grupo o colectivo de féminas se reúne (también si un conjunto de varones hace lo propio), sus ideas no son solo de ellas/ellos, sino también de los otros/otras.

En caso de que realmente se limiten a reflejar su experiencia, en tanto que mujeres u hombres, entonces de ahí solo puede salir una visión muy sesgada de la realidad: chismes de tías o chismes de tíos (que probablemente incluirán auténtica misandria o misoginia, es decir, rencor contra el otro). Semejantes nociones difícilmente van a poder establecerse hasta que la sociedad las diluya y/o asimile (y si las asimila significa que las habrá transformado en otra cosa ya distinta y que le resulte verdaderamente útil).

Esta perspectiva muy sesgada o visión muy subjetiva que podemos denominar

“la conversación de hombres” o “la conversación de mujeres”, siempre es un pensamiento de corto alcance

que nunca va a llegar a establecerse como la cultura dominante, porque jamás se va a homologar ante la sociedad: no pasaría el filtro de unisexualidad de lo social. Las cosas de ellas y las cosas de ellos permanecerán siempre como tales, nunca se van a convertir en las cosas de todos.

La circunstancia de mujer y la circunstancia de hombre si es diferenciable, pero la auto-reflexión colectiva nunca puede serlo. La imposibilidad no viene dada durante la recepción, sino que es antes de la emisión cuando ya todo se ha mezclado. Es decir, una determinada cultura de sexos si puede crearse (sea una “patriarcal” o de cualquier otro tipo), pero en ningún caso podría ser generada solo por “ellos” o por “ellas”, ya que

nuestra auto-consciencia de género no está dividida en dos.

Las consecuencias de todo lo que estamos diciendo no carecen de relevancia, precisamente:

no existe, porque no puede existir, un feminismo (ni un movimiento feminista) emitido por mujeres, de igual modo que tampoco se da, porque no puede darse, un machismo (ni una cultura machista) emitido por hombres.

Todos los efectos anteriores fueron generados – y se sostienen y son desarrollados- a partir de un mismo magma, de un mismo caldo de cultivo, que no es otro que esa entidad o matriz unisexual que es el conjunto de la sociedad.

Podría argüirse que el machismo, tal y como está definido, no es un pensamiento sino más bien un “proceder”, pero en cualquier caso también implica una forma de mirarnos. Y para que tal mirada pueda trascender y establecerse, ya necesita haber superado, ineludiblemente, los filtros de ese tamiz “unigénero” que conformamos entre todos.

Por su parte,

la base de las creencias del feminismo no proviene de las mujeres, proviene de la sociedad.

De donde procede y como se origina, más concreta y detalladamente, el feminismo, es una estupenda pregunta que nos formularemos más adelante, y a la que le daremos una apropiada respuesta…


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