ENTRADA 1: LA IMPOSIBLE AUTODETERMINACIÓN DE LOS GÉNEROS (BINARIOS)
1.2: LA SOCIEDAD ES UNA MATRIZ «UNIGÉNERO» (1ª parte)
Noviembre 2025
Tanto los individuos como sus distintas agrupaciones tienen capacidad para autodeterminarse, pero, ¿qué sucede en el ámbito del Género?. Entre los “colectivos” de sexo, ¿cuál podría ser declarado como el único y exclusivo agente determinante de la acción social? ¿Alguno puede, en verdad, presumir de ello?.
Tal y como vimos en la última entrega,
el conjunto de los hombres es una ficción, el conjunto de las mujeres es otra ficción.
El conjunto de mujeres y hombres es la realidad de la sociedad.
Es un hecho que ningún género puede constituirse en una sociedad estable por sí solo.
No existen naciones, ciudades y ni siquiera barrios solamente de mujeres o de hombres. Aún más revelador: para encontrar una micro-sociedad habitada por un solo sexo tendrías que encontrarte en una prisión, en un claustro o en un cuartel. O sea, en privación…
La civilización no puede prescindir ni de la mujer ni del hombre (al menos de momento, mientras la ciencia -¿ficción?- no lo posibilite).
En una sociedad estable nada se establece -valga la redundancia- sin el acuerdo implícito entre féminas y varones.
Imagínate que eres hombre y deseas salir a la calle vistiendo una minifalda de color rojo… ¿Quién te reprimirá, ellas o ellos?. Existen hombres que te dirán “no te pongas esa mariconada”; existen mujeres que te dirán “no me gusta ver a un hombre de esa manera”. Y es lo mismo. Por tanto, es la sociedad en conjunto quien te reprime,
no hay un “los hombres quieren” o un “las mujeres quieren”.
Entre los sexos y entre los géneros lo que se da es un acoplamiento de la voluntad, del cual proviene la voluntad social. No existe una voluntad independiente y propia de los hombres, como no existe una voluntad propia e independiente de las mujeres.
La cultura y la sociedad son entidades transpersonales y “transgenéricas”.
Como consecuencia, las decisiones de una sociedad en equilibrio son siempre decisiones tomadas en mancomunidad sexual: tanto daría que el sanedrín o consejo que, por convención, debiera tomarlas, estuviese compuesto solo por mujeres, solo por hombres, o por cualquier mezcla en cualquier proporción de cualquiera de los dos.
Lo que si es cierto es que dejando el mando absoluto a los hombres -si ello fuera realmente posible-, la sociedad se iría a pique, y lo mismo sucedería dejándoselo a las mujeres. La aportación de unas y otros es vital, necesaria e indispensable por igual.
Todavía creemos que existe un cerebro pensante de mujer y un cerebro pensante de hombre,
pero solo hay una mente pensante y es unisexuada
(término preferible a “monosexuada”, que más bien significaría “con uno solo de los sexos binarios” ). Ni la sociedad ni la mente humana tienen género.
En virtud de todo lo dicho, ya podemos afirmarlo:
la sociedad es un ente unisexual o matriz
unigénero…
(Continuará)
Equigen
